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Llamados a alumbrar, no a deslumbrar
Publicado el 04/03/2025
La anécdota del encuentro entre Albert Einstein y Charlie Chaplin en 1931 nos ofrece una reflexión interesante sobre la comunicación y el entendimiento. Durante su conversación, Einstein elogió a Chaplin por la universalidad de su arte, destacando cómo lograba ser comprendido y admirado por todos sin necesidad de palabras. Con su característica ironía, Chaplin le respondió que lo suyo era aún más admirable, pues todo el mundo lo respetaba, pero casi nadie podía entenderlo realmente.
Este intercambio, además de hacernos sonreír, nos recuerda un fenómeno curioso dentro de ciertos círculos cristianos modernos: algunos predicadores parecen más interesados en deslumbrar con sus conocimientos que en comunicar con claridad. En lugar de iluminar el mensaje del evangelio, lo revisten de tecnicismos innecesarios, convirtiendo el griego y el hebreo en una suerte de exhibición intelectual. No es raro escuchar sermones donde cada palabra es diseccionada en su “original” con una actitud que podría hacer que hasta un erudito en lenguas bíblicas se rasque la cabeza. Y lo más curioso es que muchos de estos predicadores, en realidad, no tienen un conocimiento sólido de estos idiomas, pero su uso ocasional les confiere un aire de sabiduría casi mística.
Imaginemos que un hablante de griego del siglo I viajara en el tiempo y asistiera a uno de estos sermones. Al terminar, intrigado, se acercaría al predicador y le diría con una sonrisa: "Parece que dominas el griego, ¿podemos seguir esta conversación en mi lengua materna?". Ante esto, el predicador, sin saber qué responder, cambiaría de tema apresuradamente, incapaz de articular una sola frase coherente. Así quedaría en evidencia que, en muchos casos, el uso del griego en los sermones es más un artificio para impresionar que un esfuerzo genuino por iluminar el significado del texto bíblico.
Recuerdo a una querida anciana de una congregación que solía exclamar, tras escuchar un sermón lleno de términos rebuscados: “¡Qué bien predica ese hombre! No me he enterado de nada, pero ¡qué bien predica!”. Y aquí surge la cuestión: ¿es esa la finalidad de la predicación? Frente a esta tendencia de complicar lo sencillo, el modelo de enseñanza de Jesús nos muestra un camino diferente. Él no buscaba impresionar con su conocimiento, sino transformar vidas a través de la claridad y la verdad. ¿Hemos sido llamados a compartir la luz del evangelio o simplemente a deslumbrar con nuestras habilidades retóricas?
Jesús, el Maestro de la claridad
Jesús, el Maestro por excelencia, usaba un lenguaje sencillo, accesible para todos. Sus enseñanzas llegaban a los corazones de pescadores, campesinos y cobradores de impuestos mediante la claridad de las parábolas. Con historias de semillas, tesoros escondidos y viñas, logró comunicar realidades espirituales que incluso los más doctos rabinos tenían dificultad en expresar con tanta precisión. Parece que el Señor se esforzó en hacer sencillas las cosas complicadas, mientras que algunos predicadores modernos parecen asumir el reto contrario: hacer complicadas las cosas sencillas. En su afán por impresionar, enredan el mensaje del evangelio con tecnicismos innecesarios, olvidando que la verdadera sabiduría se encuentra en la claridad. Como bien dice una frase, aunque no sea bíblica: “La mayor complejidad es la sencillez”.
Jesús mismo oró:
(Mt 11:25) “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños."
El mensaje de Cristo no era un código esotérico reservado para los iniciados, sino una verdad accesible para todo aquel que tuviera oídos para oír.
El apóstol Pablo, a pesar de su amplia educación, reconoció el peligro de confiar demasiado en la elocuencia y el conocimiento humano:
(1 Co 2:1) “Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría.”
Su prioridad no era demostrar su intelecto, sino proclamar el evangelio de manera comprensible y eficaz.
Lamentablemente, en muchos círculos cristianos modernos, aquellos que han estudiado un poco de griego y hebreo a menudo se creen con la última palabra en todas las discusiones bíblicas. Con un aire de superioridad, menosprecian a quienes no manejan estos idiomas y monopolizan la interpretación de las Escrituras como si fueran los únicos con acceso a la verdad. Este fenómeno no es nuevo; en los tiempos de Jesús, los fariseos y escribas se jactaban de su conocimiento de la Ley y miraban con desprecio al pueblo común, a quienes consideraban ignorantes e incapaces de comprender la voluntad de Dios. Sin embargo, Jesús constantemente denunció su actitud orgullosa y su hipocresía, declarando:
(Mt 23:13) “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! Porque cerráis el reino de los cielos delante de los hombres; pues ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que están entrando.”
Existe un peligro real en dejar que estos falsos especialistas tomen el control de lo que las Escrituras realmente quieren decir. Si la interpretación de la Biblia queda en manos de una élite que se presenta como la única capaz de entender sus secretos, entonces hemos perdido el propósito del evangelio: ser una luz accesible a todos. La Palabra de Dios no fue escrita para ser descifrada solo por un selecto grupo de intelectuales, sino para ser entendida y vivida por todos aquellos que buscan la verdad con un corazón sincero.
El verdadero conocimiento de la Palabra
En tiempos donde el conocimiento está al alcance de todos y una búsqueda rápida en internet nos puede convertir en expertos momentáneos, debemos recordar que la verdadera sabiduría no radica en la acumulación de información, sino en la comprensión profunda de la verdad de Dios y en la capacidad de vivirla y transmitirla con claridad y humildad. Para ello, es fundamental acercarse a la Palabra con un corazón humilde y una disposición a ser guiados por el Espíritu Santo. No se trata solo de un ejercicio intelectual, sino de permitir que la Escritura transforme nuestra vida, con reverencia y obediencia, pues “el temor del Señor es el principio de la sabiduría” (Pr 9:10).
El mundo necesita luz, no fuegos artificiales. Estamos llamados a alumbrar con la verdad del evangelio, no a deslumbrar con un brillo efímero que, al final, deja a la gente igual de confundida que antes. Como dice el salmista:
(Sal 119:105) “Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.”
No se trata de hacer un espectáculo de luces, sino de iluminar el sendero que lleva a la vida eterna.
Dios no busca “profesionales”
Algunas personas sencillas creen que nunca podrán ser predicadores porque no han estudiado en una institución académica donde se enseña a manejar términos en griego o hebreo. Sin embargo, la verdadera preparación para proclamar el evangelio no depende de títulos ni diplomas, sino de un corazón transformado por Dios y una vida consagrada a su servicio. Los propios apóstoles fueron reconocidos por los intelectuales del Sanedrín como “hombres sin letras y del vulgo”, pero lo que los distinguía era que “habían estado con Jesús” (Hch 4:13). Que esto sirva de ánimo para todo aquel que desee compartir la Palabra: Dios no busca oradores elocuentes, sino siervos dispuestos a proclamar su verdad con fidelidad y amor.
Luis de Miguel
Comentarios
Mayra Arroyo de Cifuentes (04/03/2025)
Los apóstoles fueron llamados hombres sin letras y del vulgo”, pero lo que los distinguía era que “habían estado con Jesús” Wow, sencillo y claro como siempre el pastor Luis de Miguel, Dios le bendiga pastor. (Hch 4:13).
Enrique Martínez Rojas (04/03/2025)
Su certero comentario que me ha parecido todo un estudio completo de la verdad del evangelio me llega como un : "dí justo en el clavo". Dios le bendiga hermano. Su escuela es quien creo ha aportado más conocimiento de la Palabra para mi crecimiento espiritual que las iglesias a cuales he asistido. He comenzado hace unos años 3 para ser más exactos, escuchando la voz de Alejandro Van gioni. No sé buen como se escribe. También la voz de Benjamin de Martí, y para mí han sido toda una bendición. El año pasado comenzé la escuela bíblica vía correo electrónico y he visto cambio en mi vida . Junto con el aporte informático de los conductores que me han dado muchos momentos de ánimo . Dios les bendiga.