Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 4
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Nuestra portada
Desde recién nacidos buscamos algo a lo que asirnos, y así vemos a niños de apenas un par de días, apretando fuertemente el dedo de alguien que le acaricia, aunque todavía no pueda ver o distinguir claramente quien es. Es un reflejo natural, innato, que va con el ser humano desde su propio origen.
Cuando empezamos a dar los primeros pasos, lo hacemos sostenidos por unas manos estables que, no solamente dirigen nuestros pasos, sino que estamos seguros (aunque no podamos expresarlo aún con claridad) que nos sujeta y no va a dejar que caigamos.
Pero, cuando llegamos a la adolescencia y a nuestra juventud, empezamos a desarrollar ese sentimiento de "ser ya mayores"; de "poder caminar solos"; de "no necesitar que nadie nos dirija", y en muchas ocasiones marchamos de tropiezo en tropiezo, por nuestra torpe forma de rechazar o no aprovechar la mano extendida de nuestros padres para agarranos a ellas, para seguir teniendo un punto de apoyo en la cruel y a veces difícil travesía de la vida.
El problema se repite generación tras generación, como si fuese algo natural y como una parte normal del propio crecimiento. Y con el tiempo caminamos solos, orgullosos, independientes, peligrosamente autosuficientes, dejando también de lado al mejor Padre, a Aquél que siempre está dispuesto a sostenernos, a llevarnos adelante y a enseñarnos por dónde y cómo debemos caminar.
Si no tienes una mano firme en quien apoyarte, te animamos a que te agarres fuertemente a Dios, Él siempre es fiel y ha prometido que nunca te fallará ni te dejará caer.
En esta ocasión, nuestra portada recoge la mano de un niño pequeño, apenas un bebé, que se agarra con fuerza a la mano de su padre.
¿Y tú? ¿En qué mano te apoyas cuando te vas a caer? ¿Quién sostiene tus pasos para que no tropieces? ¿Cuál es la fuente de tu confianza en la vida? ¿Te da garantías aquello de lo que te agarras como si fuese un elemento seguro?
¿Te sostiene tu amigo "Don Dinero"? Es un refugio peligroso y muy engañoso, porque ¿Quién te garantiza que lo que tienes hoy lo seguirás teniendo toda la vida? Miles de personas que han depositado su confianza en sus pertenencias, lo han perdido todo de la noche a la mañana, y como su "patrimonio" estaba formado solamente por dinero y otras cosas, se encontraron solos, sin amigos, a veces sin familia y en la más absoluta indigencia.
Recuerdo las sabias palabras de un anciano cristiano holandés, que muy relacionado con familias de tradición banquera en su país, nos decía: "Los bancos te dan un paraguas mientras luce el sol, pero te lo quitan cuando empieza a llover", y ¡Cuánta sabiduría había en esas palabras!
Vé a pedir un préstamo con una cuenta llena de ceros en tu haber, y te darán lo que quieras, pero desgraciado de tí, si por avatares de la vida no puedes pagar la hipoteca. Lo perderás todo. Y aquellas alfombras rojas que te iban poniendo a tu paso se convertirán en un portazo en la cara, cerrándote cualquier solución digna.
¿Te agarras a tu propio conocimiento y a lo que has conseguido como persona con tu propio esfuerzo? El conocimiento que podamos adquirir siempre será positivo, pero cuando éste te haga una persona insoportable, engreído, pedante, tan lleno de ti mismo que no cabe nadie más a tu lado, te darás cuenta de lo superficial que era ese apoyo y al final te caerás sin remedio.
Seguramente habrán muchas más cosas a la que agarrarse que parecen resistentes y duraderas, pero cuando vienen los vendavales de la vida, es la hora de comprobar la resistencia de aquello a lo que nos agarrábamos y que creímos que nos sostendría para siempre.
Desde hace mucho tiempo, Dios observa la búsqueda vacía de miles de personas de todo el mundo intentando llenar su hueco interior con cosas inconsistentes y efímeras (diversiones, sexo, drogas de todo tipo, etc.), y viendo la incapacidad que tienen para encontrar una mano firme a la que agarrarse, ofrece la suya, abierta, generosa, dispuesta a ayudar y ser el apoyo que necesita tu vida:
A través de un profeta del Antiguo Testamento lo expresaba así:
"Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo rebelde, que va por camino no bueno, en pos de sus pensamientos" (Isaías 65:2)