Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 3
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Cómo cambiar el mundo
Todos estamos de acuerdo en que este planeta necesita un profundo cambio. No una mera operación de lifting. No quitarle unas pequeñas arrugas, sino operarlo a corazón abierto. A vida o muerte. El mundo, que tiene fecha de caducidad, está como taquicárdico; a punto del infarto.
Nuestro sistema de vida occidental está colapsando sus arterias y sus pulmones. Y a pesar de las prescripciones médicas, nuestra sociedad, no sólo no se toma un respiro, sino que multiplica por cien su actividad. Estamos abocados al desastre y sólo es cuestión de tiempo.
Según los científicos estamos a sólo unos minutos del desastre final.
A finales de la segunda guerra mundial, inventaron una especie de reloj donde las doce marcaban el punto final.
Nuestros progresos armamentísticos y nuestros retrocesos morales han acercado constantemente el minutero simbólico del reloj a esas doce en punto... y final.
Pero la fiesta continua. Para muchos parece que no pasa nada, que la vida es una constante fiesta. Preferimos seguir ebrios a poner parches en este barco que se hunde lentamente. Hemos chocado contra el iceberg de la irracionalidad y nos hundimos lentamente. Muchos ecologistas, bastantes científicos y algunos políticos, los menos, han lanzado bengalas al cielo avisando del final. Han emitido sus S.O.S particulares, pero la música está muy alta, la celebración está en su apogeo y nadie está por reventar este baile de carnaval.
Nuestra forma de entender la felicidad va pareja a nuestro consumo desaforado. Y este sistema de vida irracional se propaga por todos los rincones del planeta. Mil doscientos millones de chinos y otros mil millones de indios quieren tener su propio aire acondicionado y quieren contaminar la atmósfera con su propio automóvil. Todos queremos más, pero el planeta da síntomas de agotamiento. Su respiración es cada vez mas entrecortada y necesita que lo reanimemos urgentemente.
Posiblemente nuestro mundo necesite soluciones políticas del mas alto nivel pero permítanme que desconfíe. Nuestros políticos están enzarzados en cuestiones más domésticas mientras el planeta se recalienta excesivamente.
La inoperancia de nuestros gobernantes nos hace particularmente vulnerables y nos obliga a tomar parte activa.
La estupidez general no nos exime de responsabilidad. Tenemos que actuar conforme a nuestras convicciones. Tenemos que reciclar nuestra forma de vida. Valorar las relaciones por encima de las posesiones. Empezar a entender que acumular afectos es más importante que acumular objetos.
Quizás tengamos que aprender a vivir con mayor sencillez. Quizás tengamos que poner en práctica esas palabras de Jesús que nos invitaba a mirar los pájaros y considerar los lirios del campo. Puede ser que tengamos que aprender a vivir en la cultura de la austeridad, porque vivir con menos no significa vivir peor. Quizás debamos aprender a renunciar a grandes lujos que propician grandes derroches.
Cambiar de dirección es nuestra responsabilidad porque el precipicio nos espera al final de la locura. Todos los cambios grandes comienzan con pequeños cambios. Éste también. Para cambiar el mundo sólo necesitamos un pequeño cambio en nuestro corazón. Para que el cambio sea transformador necesitamos un pequeño giro en nuestra forma de vida, y sobre todas las cosas, volvernos a Dios.