Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 8
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Discriminados
Una alumna parapléjica ha acusado a la Universidad Autónoma de Madrid de obligarle a dejar sus estudios de Enfermería. La joven en silla de ruedas desde los 16 años dice que se siente discriminada.
La noticia es de las que te dejan perplejo. La joven, que asiste a las clases en silla de ruedas y es acompañada en todo momento por su madre, reclama poder ser enfermera para ayudar a otros. Aunque admiramos el coraje de esta chica, lo cierto es que su pretensión nos parece un sinsentido.
La joven se siente discriminada.
Pero la vida es así. La vida nos discrimina. Nos hace diferentes. La vida no siempre es justa.
No partimos todos desde la misma posición. Algunos nacen con un pan bajo el brazo y otros no tienen pan que llevarse a la boca. Muchos son golpeados con la muerte de un ser querido. Otros sufren privaciones, penalidades.
La vida es trágica en muchos países de nuestro entorno. Familias que cruzan el estrecho en patera, padres que dejan a sus hijos a miles de kilómetros con la ilusión de hacer un pequeño capital. La vida es una travesía que no todos afrontamos en las mismas condiciones. Cada golpe de viento nos separa de otras barcas, de otros rumbos. Algunos viajan en yate por el océano de la vida mientras otros naufragan entre la indiferencia general. Las tormentas de la vida arruinan a muchos mientras a otros apenas les rozan.
Tenemos la suerte o la desdicha de haber nacido en un tiempo especifico, en un lugar determinado.
Perfectamente podíamos haber nacido un centenar de kilómetros al sur y haber tenido una tez morena. Podríamos ser uno de esos emigrantes que hoy rechazamos. Podríamos haber sufrido una guerra o haber padecido alguna hambruna. Sin querer, todos participamos en el sorteo de la vida. Algunos hemos tenido mucha suerte; a algunos nos ha tocado el gordo y vivimos repletos de colesterol, de comodidades, de oportunidades. A otros, se les acumulan las desdichas.
La Biblia dice que Dios ha prefijado el orden de los tiempos y los limites de nuestra habitación. Dios es el Dios de las circunstancias. Un Dios soberano que reina sobre las circunstancias, sean buenas o malas.
El hecho de que nos encontremos hoy y aquí, no importa el cómo ni el cuándo, no debe hacernos olvidar el gran propósito divino, que es que busquemos a Dios. Que le busquemos con todo nuestro corazón, y con todas nuestras fuerzas y con toda nuestra mente. Porque Él es la clave que nos permite entender el sinsentido de la vida, la injusticia de la vida.
Dice la Biblia que Dios no está lejos de nosotros aunque a veces lo parezca. Él no juega al escondite. Él no es insensible a nuestro dolor ni indiferente a nuestro llanto.
Dios sabe en qué circunstancias nos encontramos y Él nos puede ayudar a cumplir nuestros sueños. Dios es un experto en ampliar nuestro horizonte y darnos una nueva visión de las cosas. Él es un especialista en imposibles.
Él dice que todo lo puedes en Cristo. No hay nada que se escape a su control.
Aunque la vida parezca darte de lado, aunque la sociedad te discrimine, aunque en el sorteo sólo te haya tocado la pedrea o la pedrada, aunque los vientos te sean contrarios y tu barca haga aguas, es bueno que sepas que Dios no te discrimina.
Él quiere guiar tu vida y llevarla a buen puerto.
Confía en Él y Él hará...