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Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 9

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

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Envejeciendo juntos

Era una mañana muy complicada. Eran las 8:30, cuando un señor mayor, de unos 80 años, llegó al hospital para que le quitáramos los puntos de un pulgar .

El hombre nos dijo que tenía mucha prisa porque tenía una cita muy importante a las 9 de la mañana. Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo.

Lo vi continuamente mirando su reloj y decidí, que ya que en ese momento no estaba ocupado con otro paciente, lo atendería. Durante el examen comprobé que la herida estaba curada. Entonces pedí a un enfermero que me trajese gasas y tijeras, para quitarle los puntos y mandarlo a casa.

Dado lo avanzado de su edad y la forma insistente de mirar su reloj, mientras le realizaba las curas, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana.

Con una sonrisa bonachona, el anciano me dijo que no, que necesitaba ir al geriátrico para desayunar con su esposa. Me atreví a preguntarle sobre la salud de ella, y me respondió que hacía tiempo que estaba allí ya que padecía de Alzheimer. Fui un poco más adelante y le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde. Sin perder su sonrisa, me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él y que hacía cinco años que ella no podía reconocerlo.

Su respuesta me sorprendió, y entonces le pregunté: "¿Y usted sigue yendo cada mañana, para desayunar con ella, a pesar de que ella no sabe quién es usted?"

Sonriendo, me acarició la mano, y me contestó: "Ella no sabe quien soy, pero yo aún sé quién es ella."

Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé: "Ese es el tipo de Amor que quiero en mi vida".

Cuando se nos dijo:"...En lo bueno y en lo malo; en la salud y la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza..." significaba realmente todo eso.