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Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 1

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

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Uvilandia, una historia de falta de participación

Hace mucho tiempo existía un país que se llamaba UVILANDIA. Era una región próspera cuya principal producción era el vino, el mejor vino de todo el mundo. Era un país pequeño, un reino de apenas 22.000 súbditos, pero su vino era tan apreciado por todo el mundo que les bastaba producir lo que conseguían en un año para vivir holgadamente.

El soberano de Uvilandia era un magnífico rey que siempre estaba intentando hacer que sus siervos viviesen bien, por lo que año tras año iba rebajando los impuestos para que no tuviesen cargas y pudiesen vivir cómodamente.

A la gente de Uvilandia les encantaba vivir en aquel reino. Querían a su rey porque era bondadoso y se preocupaba por ellos, y disfrutaban de un reinado justo, bueno y en paz.

Un día el rey decidió que quería rebajar aún más los impuestos hasta casi suprimirlos, para lo cual, después de consultar con el tesorero del reino y sus consejeros, decidió que lo único que necesitaba el rey para sostener el reino era que de cada cosecha los súbditos llevaran una jarra de dos litros del excelente vino de Uvilandia a una gigantesca cuba que se colocaría en el jardín del palacio, sabiendo que la unión de todas las excelentes cosechas de Uvilandia, harían un vino delicioso que, una vez vendido a los reinos circundantes, permitiría que el reino estuviese bien sostenido. El pueblo recibió con enorme alegría la noticia de la supresión de los impuestos, y todos vieron como muy justa y sabia la decisión del rey y su gabinete de gobierno.

Por fin llegó el gran día. Ya se habían recogido las cosechas de todo el reino y, a decir de todos, los vinos obtenidos eran excelentes, así que uno a uno los miembros del reino fueron trayendo sus jarras de vino y echándolas en la enorme cuba situada en el jardín del palacio, hasta que se llenó. El rey estaba contentísimo viendo la respuesta de su pueblo, alabó su cooperación y, para celebrarlo, hizo una gran fiesta aquella noche en la que participó todo el reino.

En medio de la fiesta el rey decidió probar la excelente mezcla de todos los vinos de Uvilandia, sacando una copa de la gigantesca cuba, para brindar con sus súbditos, pero cuando lo probó escupió el contenido, diciendo en alta voz: ¡Esto no sabe a nada!

Llamó a los consejeros, a los magos del reino y les preguntó que podría haber pasado para que aquel esperado excelente vino no supiese a nada, pero nadie sabía darle la respuesta. Unos dijeron "¡Alquimia!", otro "¡Brujería de algún mago malvado!", etc.

Finalmente, un anciano sabio del pueblo se acercó al rey y tras probar el vino de la cuba le dijo:

Majestad, ni alquimia ni brujería, sencillamente la condición humana y su capacidad de engaño. Todos los ciudadanos de Uvilandia pensaron que en tanta cantidad de vino no se notaría si ellos mezclaban agua al vino y lo echaban así dentro de la cuba, por lo que en lugar de traer su compromiso de una jarra de vino, la rebajaron con agua, y al final lo que se obtuvo fue una enorme cuba de vino aguado, pero el vino bueno se ha quedado en la casa de cada uno.

Aceptadlo majestad, vuestros súbditos son humanos y no estaban dispuestos a entregar nada de lo suyo para vos. El rey se sintió defraudado y triste, pero aceptó la amarga realidad de su reino.

Debemos ser conscientes que nuestra participación, nuestra cooperación en la familia, en el círculo de amistades, en nuestro entorno dentro de la sociedad es de capital importancia, y que, en el círculo en que nos movemos, ya sea una congregación, una empresa, una asociación, etc. cada parte es importante para obtener el mejor resultado.

El apóstol Pedro nos ayuda a entender el valor de aportar nuestra parte al todo y a poner a disposición de los demás lo que cada uno haya recibido:

"Cada uno ponga al servicio de los demás el don que ha recibido, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios." (1 Pedro 4:10)

¡No te guardes lo que tienes para disfrutarlo solamente tú!, ponlo al servicio de los demás y tu participación no solamente te hará sentirte bien a ti, sino que como parte de un equipo, será beneficiosa para todo el grupo.