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Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 4

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

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Aprendiendo del puercoespín

Durante la era glacial, según los científicos, muchos de los animales que no sobrevivieron, morían a causa del frío.

Los puercoespines, percibiendo esta situación, acordaron vivir en grupos, así se daban abrigo y se protegían mutuamente. Pero las espinas de cada uno herían a los vecinos más próximos, justamente a aquellos que le brindaban calor. Y, por eso, se separaban unos de otros.

Pero de nuevo volvieron a sentir frío y tuvieron que tomar una decisión: o desaparecían de la faz de la tierra o aceptaban las espinas de sus vecinos. Con sabiduría, decidieron volver y vivir juntos.

Aprendieron así a vivir con la pequeñas heridas que una relación muy cercana les podía ocasionar, porque lo que realmente era importante era el calor del otro. Sobrevivieron.

Es evidente que los humanos, en muchas ocasiones, debemos aprender de los animales y la propia Naturaleza, pues a veces nos enseñan hermosas lecciones completamente válidas para nosotros.

En toda relación se sufren heridas, pero siempre será mejor recibir heridas que no tener relación; porque ya hace mucho tiempo el Diseñador de nuestra naturaleza sentenció: "No es bueno que el hombre esté solo".

La mejor relación no es aquella que une personas a perfectas que nunca tienen problemas entre sí. La relación más estable y beneficiosa para el ser humano es aquella donde cada uno acepta los defectos del otro y consigue además que acepten los suyos propios.

Si no aprendemos a amarnos "a pesar de", a perdonarnos como nosotros también somos perdonados, y a aceptar al otro con sus virtudes y sus defectos, no iremos a ninguna parte.

Bien haríamos en seguir los consejos del apóstol Pedro, cuando dijo:

"Finalmente, sed todos de un mismo sentir, compasivos, amándoos fraternalmente, misericordiosos, amigables; no devolviendo mal por mal, ni maldición por maldición, sino por el contrario, bendiciendo, sabiendo que fuisteis llamados para que heredaseis bendición." (1 Pedro 3:8-9)