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Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 8

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

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Dios no hace acepción de personas

Dios no hace acepción de personas, pero el ser humano sí. Discriminamos al inmigrante, no importa el color de su piel; nos reímos del feo, del gordo, de la que no tiene un cuerpo 10, del que lleva gafas, etc.; los marcamos para toda la vida y esa discriminación va mucho más allá de la simple constatación de unas realidades físicas, y sin darnos cuenta, hacemos daño, mucho daño a otros que son nuestros semejantes, aunque nosotros nos sintamos diferentes y por supuesto superiores...

Somos ligeros para colocar etiquetas a otros y hacemos así acepción de personas, cuando decidimos quienes pueden formar parte de nuestro selecto círculo de relaciones y a aquellos que no encajan en él, ¡Que se busquen la vida!

Las múltiples declaraciones de la Biblia sobre el carácter de Dios y su actitud hacia la Humanidad, dejan muy claro que Él es el único que no hace acepción de personas. Para muestra, algunas citas bíblicas:

"Pues no hay distinción de personas delante de Dios" (Romanos 2:11)

"Y si invocáis como Padre a aquel que juzga según la obra de cada uno sin hacer distinción de personas, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación" (1 Pedro 1:17)

"...sabéis que el mismo Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que no hay distinción de personas delante de él" (Efesios 6:9)

Es muy revelador también descubrir aquellas veces en las que las Escrituras nos hablan de que para Dios no hay distinción de sexos (a pesar de que en muchas sociedades todavía se tenga a la mujer como un ser inferior), y que tampoco toma en cuenta la raza o el estatus social:

"Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre, no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:28)

"Aquí no hay griego ni judío, circuncisión ni incircuncisión, bárbaro ni escita, esclavo ni libre; sino que Cristo es todo y en todos" (Colosenses 3:11)

"Porque no hay distinción entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos es rico para con todos los que le invocan" (Romanos 10:12)

El Dios que no discrimina, nos exige a nosotros como cristianos que tengamos su misma actitud hacia los demás si queremos parecernos a Él, y esta enseñanza recorre las páginas de la Biblia:

"...de modo que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos, y hace llover sobre justos e injustos" (Mateo 5:45)

"Hermanos míos, tened la fe de nuestro glorioso Señor Jesucristo, sin hacer distinción de personas... Pero si hacéis distinción de personas, cometéis pecado y sois reprobados por la ley como transgresores" (Santiago 2:1, 9)

Dios en su misericordia trata a todos por igual y quiere que todos le conozcan y alcancen la salvación a través de la fe en Cristo, su Hijo:

"...Esto es bueno y aceptable delante de Dios nuestro Salvador, quien quiere que todos los hombres sean salvos y que lleguen al conocimiento de la verdad" (1 Timoteo 2:3-4)

"Por eso, aunque antes Dios pasó por alto los tiempos de la ignorancia, en este tiempo manda a todos los hombres, en todos los lugares, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el que ha de juzgar al mundo con justicia por medio del Hombre a quien ha designado, dando fe de ello a todos, al resucitarle de entre los muertos" (Hechos de los Apóstoles 17:30-31)

"...sino que en toda nación le es acepto el que le teme y obra justicia" (Hechos de los Apóstoles 10:35)

Por eso la Palabra de Dios está llena de invitaciones de Dios para ir a Él sin importar la raza, ni la cultura, ni la posición social, ni el sexo, ni nada que nos pueda hacer distinto del otro. La invitación del Señor es a todos y, evidentemente, A TI TAMBIÉN:

"Oh, todos los sedientos, ¡venid a las aguas! Y los que no tienen dinero, ¡venid, comprad y comed! Venid, comprad sin dinero y sin precio, vino y leche..." (Isaías 55:1)

"Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados, y yo os haré descansar" (Mateo 11:28)