Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 2
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Asamblea en la carpintería
Cuentan que en una carpintería hubo una extraña asamblea.
Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El martillo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar, ¿la causa? Hacía mucho ruido. El martillo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con los demás. La lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro, que se pasaba el día midiendo a los demás según su medida, como si fuera el único perfecto.
En eso entró el carpintero se puso el delantal e inició su trabajo, utilizó el martillo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un hermoso mueble.
Cuando la carpintería se quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho. "Señores ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabajó con nuestras cualidades y eso es lo que nos hace valiosos, así que no pensemos más en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos". La asamblea encontró entonces un equipo capaz de producir muebles de calidad y se sintieron orgullosos de sus diferencias y de poder trabajar juntos.
Ocurre lo mismo con los seres humanos, si observamos lo comprobaremos. Cuando en una empresa el personal busca a menudo defectos en los demás, la situación se vuelve tensa y negativa, en cambio al tratar de percibir los puntos fuertes, con sinceridad, es cuando florecen los mejores logros.
Es fácil encontrar defectos, no hay que ser muy listo para hacerlo, pero encontrar cualidades, eso es para espíritus superiores, que son capaces de inspirar todos los éxitos humanos.
Meditemos esta "historia" y seamos sabios en saber aplicarla a nuestro diario vivir. Y cuando trabajemos en equipo, reconozcamos que todos tenemos el valor que Dios nos ha dado, y que Él repartió a cada uno cualidades distintas, para que nadie se sienta ni más ni menos que el otro.