Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 7
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Una fábula oriental sobre el valor de cada persona
Un hombre transportaba cada día desde la fuente a su pueblo dos cántaros de agua que llevaba sujetos con una caña de bambú, haciendo su trabajo siempre con alegría.
Un día después del porte, descubrió que una de las tinajas siempre llegaba al pueblo con la mitad del agua porque por unos agujeritos que había en su fondo se escapaba mucho del agua que transportaba. Consciente de su deficiencia y comparándose continuamente con la otra tinaja que orgullosa le decía cada día que ella siempre guardaba toda el agua que su amo le cargaba, se sentía mal continuamente.
Un día se dirigió a su amo y le dijo: "Amo, pierdo demasiada agua en cada viaje, ya no te sirvo como antes, ¿por qué no me cambias por otra tinaja que no pierda agua?"
El amo escuchó con cariño a la tinaja que tantos años le había sido útil y que ahora tenía su autoestima por los suelos y le dijo: "Mañana cuando vayamos para la fuente quiero que mires por los agujeros que tienes, hacia el suelo que recorre el camino entre el pueblo y la fuente y ya hablaremos después"
La tinaja al día siguiente fue recorriendo con sus ojos el camino y, a través de los agujeros descubrió con sorpresa que por todo el camino de vuelta, solamente en una de las dos partes, estaba cubierto de flores bellísimas que habían crecido por esas gotas de agua que la tinaja iba perdiendo cada día.
Entonces descubrió que el resultado de su situación daba alegría a la vista y a los hombres, entonces escuchó como su amo le decía: "¿Te das cuenta? Tu deficiencia, tu incapacidad de retener el agua han sido un refresco para la reseca tierra en todo este tiempo alegrando la vida de los demás, y quiero seguir conservándote así y seguirte usando a pesar de que no seas perfecta"
¡Qué ejemplo tan hermoso de cómo Dios nos trata! Nosotros, los seres humanos, inmisericordes como somos, a la primera de cambio desecharíamos la tinaja que no nos sirve; pero Dios nos conserva ahí, nos ama tanto que aunque le sirvamos para poco no nos destruye ni nos cambia.
Probablemente tú y yo, como la tinaja vieja de la fábula, hemos escuchado muchas veces a otros increparnos y poner de relieve todos nuestros defectos para quitarnos valor ante los ojos de los demás.
La vida, el paso del tiempo, las circunstancias, puede que hayan dejado pequeños huecos en tu tinaja por donde se escape algo de agua, pero esa situación que sólo pone de relieve el hecho de que sigues siendo humano, falible y vulnerable, puede al mismo tiempo ser un elemento de alegría y vitalidad para los que tienes a tu alrededor.
Como muy bien dijera el apóstol Pablo tenemos este tesoro de Cristo y su salvación en vasos de barro (1) para que lo que le da valor a la vasija sea el contenido y no el continente; vasos de barro que se van desgastando exteriormente por el paso de la vida y del tiempo, pero interiormente nos sentimos renovados día a día (2).
Por eso, cuando se enfrentó a su propia debilidad y no podía vencerla, Dios le dijo: "Bástate mi gracia porque mi poder se perfecciona en tu debilidad" (3).
(1) 2a Epístola a los Corintios 4:7 (2) 2a Epístola a los Corintios 4:16 (3) 2a Epístola a los Corintios 12:9