Saltar al contenido

Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 4

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Imagen del artículo

Pacificadores

Que respiramos violencia y agresividad cotidianas, en la mayor parte de este planeta, no es necesario que lo repitamos. Es una realidad consabida. No precisamos recurrir a las noticias de los medios de comunicación para refrendar esta observación.

Basta con atender analíticamente "las colas" en las estaciones de autobuses, de metros o de trenes, en las charcuterías y en los cajeros -tanto de entidades bancarias como de supermercados-, el trato que muchos padres dan a sus hijos y viceversa, los grafitos inadecuados ubicados en espacios inadecuados, los debates políticos, los disparos y las agresiones en los "centros educativos", las escenas de todo tipo en las páginas electrónicas de Internet, el "todo vale", la pederastia, el "mundo de la noche", el terrorismo, la prensa "rosa", la "tele-basura", el suicidio -juvenil, principalmente-, la falta de respeto por lo ajeno, el aborto a la carta, el hambre, la competitividad laboral, la injusticia social, las drogas y el alcohol, las rupturas matrimoniales, el constante acoso directo e indirecto de y a los marginados sociales, las protestas sindicales, las cargas policiales, la inmigración desesperada, los malos tratos, etc.

Entre tanta violencia se torna necesario un espacio no violento. En este apartado no podemos dejar de citar a algunos pacificadores. Es conveniente mirar para atrás por un instante y otear algunas de las voces que buscaron la paz y la no violencia; en el pasado siglo XX se alzaron algunas importantes, entre las que destacamos tres personajes y una alternativa social: Gandhi, Martin Luther King, John Lennon y el movimiento hippie. Todos tienen en común la defensa de unos derechos, la lucha pacífica contra la opresión y la injusticia, la voz de protesta contra la guerra y un carácter inclinado a la no violencia. Ahora bien, no todos emplearon las mismas herramientas para que sus propuestas fueran atendidas, ni todos fueron coherentes con los principios defendidos.

El líder nacionalista hindú M. K. Gandhi (1869-1948) estableció en su país una revolución no violenta; el pastor evangélico norteamericano M. Luther King (1929-1968) se constituyó en portavoz del movimiento contra el racismo que reivindicó unos derechos civiles; el músico inglés J. Lennon (1940-1980) erigido como uno de los baluartes del movimiento de protesta contra la Guerra de Vietnam (1959-1975) y el movimiento hippie, iniciado en Estados Unidos a mediados de la década de los sesenta del pasado siglo, caracterizado por ser una contracultura apolítica, antimaterialista, amante del rock y de la vida comunitaria, defensora de la naturaleza y opuesta también a la Guerra de Vietnam. Estos cuatro puntos cardinales de la pasada centuria fueron albaceas de la no violencia.

Hoy, en los inicios del siglo XXI, podemos intuir que esas luchas ya forman parte de la historia y tal vez quedaron en el olvido: La India sufre violencia; los negros - no sólo en Estados Unidos - siguen siendo objeto de racismo y de discriminación; las guerras aumentan sofisticadamente (y con la tácita aceptación de muchos y muchas) y la sociedad occidental deja de lado los valores morales a un ritmo trepidante.

"Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz y síguela", afirma el bíblico Salmo 34, puesto en boca del rey de Israel: David.

Ahora bien, entre "buscar" y "seguir" hay que "encontrar". Para "encontrar" tenemos que "acudir" a la sana y pacífica fuente de donde emana LA PAZ.

"La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da", esgrime Jesús en el Evangelio de Juan (14:27) dirigiéndose a sus discípulos. Este personaje, más que histórico, marcó un antes y un después en el devenir de la humanidad, no cabe duda. Es el modelo de pacificador por excelencia. Nadie lo puede negar y "rechazar esta evidencia constituye un acto de violencia intelectual".

A él debemos nuestra cronología actual y un legado sin precedentes. Murió violentamente sin apenas rechistar y resucitó -según revela la Biblia - para cumplir los dictados divinos y lo escrito por los profetas, afirmando la fe de millones de cristianos que hoy esperan su segunda venida.

Sin embargo, y aunque no esté de moda o sea anacrónico para muchos y muchas, una de las semillas para la no violencia se encuentra en aquellas enseñanzas del fundador del cristianismo y la invitación a buscar la paz sigue estando abierta. No obstante, es una decisión personal encontrar el sentido que designa la paz.

Para este mundo la paz es ausencia de guerra, para Jesús la paz es un estado del alma.

Por eso Jesús propone que abracemos su paz porque él no la da como este mundo la da (que la da con intereses).

Quienes poseen armamento nos proponen la paz con el dedo en el gatillo. Jesús, sin otro arma que el ejemplo de amor que nos da, también la ofrece.

Pero nadie puede ofrecer lo que no tiene. Nadie puede darnos paz. Sólo Jesús.

Para buscar la paz debemos apartarnos del mal y, una vez encontrada, ejercitarnos en seguirla; es decir, que esto no es tarea fácil ni teórica. Y así es como Jesús nos anima a esta ardua tarea: dándonos su paz para que la poseamos: la paz como estado del alma. ¿Quieres morir en paz? ¡Vive en paz!