Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 10
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

¿Sabías que Juana III, la reina de Navarra, era evangélica?
La reina Juana III de Navarra, también conocida en francés como Jeanne d'Albret, nació en 1528 y fue la única hija de Enrique de Albret y de la reina Margarita de Navarra. De ella, dicen sus biógrafos, que fue una de las grandes heroínas de la Reforma protestante en Francia y el norte de España.
La gran influencia de su madre Margarita, marcaría el desarrollo de su fe evangélica, ya que desde muy pequeña vio como su madre apoyaba la cultura y tomó como capellán a Michel d'Arande, un evangélico convencido, que la introduciría en el estudio de las Escrituras, llegando (según algunos de sus biógrafos) a aceptar la fe protestante. Aunque por razones de Estado nunca dejara de ser católica, luchó por la libertad de creencia y protegió en su pequeño reino a muchos protestantes perseguidos por la Inquisición.
A Juana III de Navarra la casaron (por razones políticas) a los doce años con el Duque de Cleaves, buscando una consolidación de las relaciones francoalemanas; pero, a los tres años se disolvió el matrimonio por no haber sido consumado, y a los 18 años el rey de Francia volvió a casarla con Antoine de Borbón, Duque de Vendome.
Por más de 20 años (1530-1550) la Reforma protestante se extendió fuertemente por toda Francia y parte del norte de España, insistiendo los reformadores en que no estaban trayendo "un nuevo evangelio, sino retornando al evangelio predicado por los apóstoles" y llegó a ser tan importante el movimiento protestante en el país vecino, que celebraron un sínodo propio en Paris en 1559.
Cuatro años antes (1555), Juana III escribió al vizconde de Gourdon comunicándole sus intenciones de abrazar la fe évangélica: "La Reforma parece tan buena y necesaria, que por mi parte, considero que sería una deslealtad y cobardía hacia Dios, para mi conciencia y para mi pueblo, permanecer por más tiempo en un estado de suspense e indecisión", y el día de Navidad de 1560 hizo pública su conversión al protestantismo.
En ese mismo año escribió en sus memorias: "Dios por su gracia me ha retirado de la idolatría, y estoy muy dichosa por haberme recibido en Su Iglesia".
Tomó a su servicio al reformador español Antonio del Corro, para que le diese clases de español a su hijo, el que sería rey de Francia, Enrique IV.
Tras la muerte de su esposo, Antoine de Borbón en 1562, Juana III promulgó una serie de medidas destinadas a implantar la Reforma protestante en Bearn (Francia) y el reino de Navarra, en España, donde empezó a potenciar el vasco en las reuniones evangélicas que celebraban en su corte.
A pesar de todos los intentos del Papado y de Felipe II para que volviese a abrazar la fe católica, esta físicamente débil mujer (murió de tuberculosis a los 44 años) mantuvo una gran entereza de carácter y se conservó firme en la fe evangélica hasta su muerte en París en 1572.
Tras la promulgación del paquete de leyes en sus reinos en 1563, potenció por todas parte el desarrollo del protestantismo, cobijando en su reino (como hiciera su madre) a muchos protestantes que escapaban de la Inquisición en España y Francia; y así, en 1566 fundó un seminario protestante en La Rochelle (Francia) para la preparación de ministros evangélicos y cinco años más tarde (1571) ordenó la traducción al vasco del Nuevo Testamento, que llevó a cabo Juan de Lizárraga, dentro de sus últimas medidas (pues moriría al año siguiente), por las que declaró la doctrina evangélica como la religión oficial en Bearn y en Navarra.
Ha pasado a la Historia como una mujer de sólidas virtudes cristianas, de un carácter decidido y de una fe inalterable, así como una gran defensora del derecho de los protestantes a vivir su fe libremente.
Una anécdota curiosa es que, no solamente potenció la fe evangélica en sus territorios y la transmitió a sus hijos, sino que la bordó en su bastidor, confeccionando en él una serie de bordados con escenas del Antiguo Testamento sobre la liberación del pueblo de Dios.