Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 5
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

Tengo un problema
Mi frigorífico siempre olía mal, y no porque estuviese vacío, y como se dice vulgarmente: "...si se cae un ratón, se estrella" porque yo puedo presumir de tener siempre mi frigo lleno, porque con lo que gana mi marido, en mi casa no falta de nada.
Sin embargo, a pesar de gastarme un dineral en ambientadores, seguía oliendo mal, hasta que descubrí que cada semana tenía que hacer limpieza y tirar muchas cosas caducadas; pero yo, cada vez que iba al híper, seguía llenando los carros y compraba cientos de cosas que no necesitaba.
Para muestra un botón. Compraba todos los productos de jardinería del LIDL aunque no tengo jardín, y hace poco me preguntaba cuando me encontré con un bote extraño en mi lavadero: "¿Para qué querré yo abono de orquídeas, si no soy capaz de mantener vivos los cuatro geranios que tengo en la ventana de mi cocina?".
Tengo casi todas las tarjetas habidas y por haber, la del MERCADONA; el ALCAMPO y el EROSKI; las del DÍA y el CARREFOUR, y mis más preciados tesoros: La tarjeta del CORTE INGLÉS y una VISA ORO con amplio crédito, con las que lleno mi ropero de todo aquello que se me antoja; aunque a veces, en mi "fondo de armario" me encuentro también (como en mi frigorífico) con ropa "caducada" que no he llegado a ponerme y que ya no me sirve.
Hace poco, me descubrí comprando por telefóno, uno de esos artilugios para pintar sin mancharte nada, y después de colgar me dije a mí misma, que para qué quería yo aquello, si siempre, hasta para lo más mínimo, llamamos a un pintor, porque con lo que gana mi marido, me lo puedo permitir...
Mi Psicóloga, que hace tres años me recomendó que para calmar la ansiedad que me producía la casa y mi deteriorada relación matrimonial, saliese de vez en cuando de compras y que me regalase a mí misma algún "caprichito", me ha dicho recientemente (la muy descarada) que me he convertido en una compradora compulsiva, y que tengo que empezar una nueva terapia para salir de ese problema.
¿De verdad tendré un problema añadido al de mi soledad, mi falta de motivación en la vida y tantas frustraciones como pesan sobre mí?
Desde pequeña, he sido enseñada a pensar en Dios como alguien que me ve, me conoce y sabe de verdad lo que hay en el fondo de mi corazón. Quizás sea hora de hablar con él y pedirle ayuda, porque me doy cuenta que sola no puedo llenar ese vacío tan enorme que siento muchas veces dentro de mí.