Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 5
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

¿Libre yo...? Pero si nunca he sido exclavo de nadie
En términos parecidos a estos, se recoge una conversación entre un grupo de judíos y Jesús, tal como se registra en el evangelio de San Juan 8:31 al 36.
Dios hizo al hombre libre y nos sigue respetando esa capacidad de decidir, pero no nos podemos olvidar que, en muchas ocasiones, las decisiones que tomamos nos despojan completamente de ese hermoso regalo que Dios nos hizo al crearnos.
Pero además, es sorprendente descubrir el amor propio que tiene el ser humano, y cómo no le deja reconocer su propia situación de esclavitud.
Con qué descaro, aquellos piadosos judíos le dijeron a Jesús "...nunca hemos sido esclavos de nadie", como si la realidad se pudiese ocultar y la Historia se pudiese borrar...
Porque el pueblo de Israel fue esclavo 400 años en Egipto, casi otros 400 entre Persia y el imperio babilónico, y en los últimos 200 años anteriores a la conversación, habían vivido sometidos a los egipcios nuevamente y a los sirios, y encima de todo ello, cuando Jesús hablaba con ellos, estaban bajo el yugo romano.
¡Claro que cuesta reconocer que uno es o ha sido esclavo de alguien o de algo! pero no nos podemos engañar. El gran Maestro dijo muy claro que no era solamente esclavo el que llevaba grilletes en sus manos o en sus pies, sino que todos en mayor o menor medida somos esclavos del pecado, aunque ese pecado haya sido elegido libremente.
Miles de personas están esclavizadas, no solamente por otros que les roban su voluntad, sino por cientos de cosas que ellos eligieron libremente un día. Probablemente por probar, socializar o buscar nuevas sensaciones, para terminar encerrados en mazmorras de soledad de las que no saben salir, aunque algunos no sean conscientes todavía de su propia situación de falta de libertad.
Jesús hizo una invitación maravillosa a la libertad (aún para aquellos que no se sienten esclavizados en absoluto): "Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres". Las cadenas se rompen cuando se conoce al que dijo: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" porque acercarse a Él nos da libertad, por eso pudo decir entonces y hoy lo pueden corroborar muchos que lo han probado que:
"...SI EL HIJO OS HACE LIBRES, SERÉIS VERDADERAMENTE LIBRES"