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Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 6

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

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¿Nacer de nuevo?

Amparado por la noche, entre las tortuosas callejuelas se deslizaba una figura envuelta en un manto que ocultaba su cara, aunque la parte baja del mismo, dejaba entrever las bandas que indicaban que aquél hombre era un levita.

Llegó a la casa donde le habían dicho que estaba el nuevo rabí, del que todos hablaban, y tras mirar a uno y otro lado, golpeó la puerta. Una criada le abrió y él pidió ver a Jesús de Nazaret, identificándose a sí mismo como "el maestro Nicodemo".

Al soltar el embozo de su manto quedó al descubierto la dignidad de aquél anciano visitante y su refinada educación. La criada, tras ofrecerle lavar sus pies (algo que el anciano rechazó) lo pasó a la sala grande, donde por fin se encontró con un hombre joven que con un gesto amable le invitó a sentarse, mientras la criada ponía a su alcance una torta de dátiles y un poco de agua fresca.

El joven rabí le ofreció la posibilidad de hablar primero, y el anciano respetuosamente empezó su charla diciéndole: "Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, a menos que Dios esté con él".

Jesús, detectando un cierto intento de adulación y yendo directo al grano le dijo: "De cierto, de cierto te digo que a menos que uno nazca de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios".

Acostumbrado como estaba a argumentar en las escuelas rabínicas, el anciano se dispuso a iniciar su discusión con el nuevo rabí: "¿Cómo puede nacer un hombre si ya es viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?".

Jesús, con mucha paciencia le explicó que igual que todo ser humano había nacido naturalmente de un hombre y una mujer, para entrar al Reino de Dios se precisaba nacer de nuevo (no importando la edad que se tuviese), pero indicándole que en esta ocasión, ese nacimiento, ese cambio, no era hecho por medios humanos, sino que era un nacimiento espiritual que venía de Dios, en el que el Espíritu Santo que se movía libremente como el viento, obraba en el interior de la persona haciéndola una nueva criatura y dándole una nueva naturaleza.

El anciano escuchó atentamente, aquella lección del joven rabí y se despidió de él con gran respeto y lleno de admiración, pero a partir de ese día empezó a seguirlo desde lejos, y cuando Jesús fue sepultado, Nicodemo, fue con los discípulos a ungir el cuerpo de aquel Maestro de Nazaret.

Esta historia se encuentra en el capítulo 3 del evangelio de San Juan y te aconsejamos que la leas por el gran contenido que tiene sobre el amor de Dios.