Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 7
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

¿Sabías que Casiodoro de Reina, primer traductor de la Biblia al castellano era monje?
Nació en Montemolín (Extremadura), que entonces pertenecía al reino de Sevilla, en 1520 y moriría en Frankfurt en 1594.
Al terminar sus estudios ingresó como monje en el convento jerónimo de San Isidoro del Campo en Santiponce (Sevilla).
Los jerónimos eran una orden muy dedicada al estudio y la traducción de las Escrituras, y por aquella época empezaron a llegar a España las ideas de Erasmo de Rotterdam y de otros teólogos no católicos, así como una traducción al castellano del Nuevo Testamento hecha por Juan Pérez de Pineda, basándose en la traducción anterior de Francisco de Enzinas.
En 1534 se había publicado la traducción completa de la Biblia al alemán, en una época en la que estaba prohibida la traducción de las Escrituras a los idiomas no clásicos, con lo cual se mantenía la hegemonía de la Iglesia de Roma, que sí podía leerla en latín y algunos también en hebreo y griego.
Las ideas luteranas de poner la Palabra de Dios al alcance del pueblo, pronto encontraron eco en España y varios valientes (como los ya mencionados) se atrevieron a traducir el Nuevo Testamento y otras obras de contenido teológico importante.
Según sus biógrafos, Casiodoro de Reina junto con otros monjes de Santiponce, fundaron una comunidad protestante en Sevilla dentro del propio monasterio. Esa pequeña comunidad alcanzó a muchos nobles ilustres y a un buen grupo del pueblo llano que estaban hartos de los desmanes y la intransigencia de la iglesia Católica Romana.
Durante el año 1557, El Tribunal del Santo Oficio, con sede en el castillo almohade de Triana, procesó a los frailes jerónimos del Monasterio de San Isidoro del Campo y a otros muchos protestantes sevillanos. Entre los condenados figuraba Cipriano de Valera, que fue sentenciado a ser quemado en efigie, tal y como informaron los Inquisidores de Sevilla, tras el Auto de Fe del 26 de abril de 1562.
Con un pequeño grupo, abandonó el monasterio de San Isidoro en 1557, al descubrirse la comunidad protestante sevillana, fijando su residencia en Ginebra, mientras que algunos compañeros fueron muertos en la hoguera por poseer libros prohibidos y traducciones del Nuevo Testamento en castellano.
En Inglaterra, donde la reina Isabel I le concedió permiso de predicar a los españoles perseguidos, fue ordenado en 1562 como pastor de la Iglesia de Inglaterra en el templo de Santa María de Hargs, y allí empieza la traducción de la Biblia en lengua castellana, la primera que se hizo a esta lengua vulgar (pues en la Biblia Políglota, impresa entre 1514 y 1517 en Alcalá de Henares, sólo aparecía el latín más las lenguas originales -griego, hebreo y arameo-).
Su versión castellana de la Biblia, fue conocida como La Biblia del Oso, por aparecer un dibujo con este animal en su portada y se publicó al fin en Basilea, en 1569. Dicha obra fue la primera Biblia cristiana completa impresa en idioma castellano, lo que hoy es reconocido como su más valioso aporte. La Biblia de Cipriano de Valera, publicada en 1602, es en realidad una revisión corregida de la traducción de Reina.
Pero, aunque Casiodoro de Reina es conocido por esa joya de la literatura del Siglo de Oro que fue la traducción de la Biblia, también fue el autor de una serie de importantes obras. Entre ellas hay que destacar:
- Confessión de Fe cristiana, hecha por ciertos fieles españoles, los cuales, huyendo los abusos de la Iglesia Romana y la crueldad de la Inquisición de España, dexaron su patria, para ser recibidos de la Iglesia de los fieles, por hermanos en Christ (1559)
- Algunas artes de la Santa Inquisición española (1567)
- Comentarios a los Evangelios de Juan y Mateo, publicados en latín en Francfurt (1573)
- Catecismo (1580), publicado en latín, francés y holandés.
- Estatutos para la sociedad de ayuda a los pobres y perseguidos, en Francfurt.
Como muy bien expresara Cipriano de Valera, quien revisó y publicó la primera traducción de Casiodoro en 1602, el pensamiento que les movía respecto al valor de poner al alcance de todos los españoles la Palabra de Dios, era el siguiente:
"Cristiano lector, aprovechaos de este mi trabajo, y rogad a Dios juntamente conmigo, que haga esta misericordia a nuestros españoles que no solamente lean la Sagrada Escritura, sino que, creyéndola, vivan conforme a ella, y así sean salvos por medio de aquel que es nuestro único y solo Salvador; al cual con el Padre y con el Espíritu Santo sea honra y gloria para siempre jamás, Amén"
"Todos aquellos que prohíben a los fieles el leer la Escritura, son rebeldes y traidores a Dios, y tiranos para con la Iglesia; pues prohíben lo que Dios mandó"