Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 8
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

¿Sabías que John Mott, premio Nobel de la Paz de 1946 era evangélico?
Nació en Livingston Manor, Estado de Nueva York el 25 de mayo de 1865. Fue el único hijo varón de los cuatro que tuvieron John Mott y Elmira (Dodge). Su familia se mudo a Postville, Iowa, en donde su padre se convirtió en un próspero comerciante de la madera y fue electo el primer alcalde de la ciudad.
A los 16 años, el joven Mott se inscribió en la Upper Iowa University, una pequeña escuela preparatoria en Fayette. Fue un estudiante entusiasta destacándose en historia y literatura, y premiado en debate y oratoria. En 1885 fue trasferido a la Universidad Cornell.
Por esa época debería decidir su futuro entre ser abogado o comerciante de la madera, continuando así el negocio de su padre. Pero sus ideas serian sacudidas al escuchar una conferencia dada por J. Kynaston Studd, (un famoso hombre de negocios y reconocido jugador de cricket inglés, que fue el fundador de la Misión Cristiana a China) el 14 de enero de 1886. Lo que le zarandeó fue escuchar de un hombre que había logrado la fama y tenía una posición muy acomodada, como les decía: "¿Buscan algo grande para sus vidas? ¡Busquen primero el Reino de Dios!".
La convicción que recibió aquel día y la lectura de las bienaventuranzas, en especial en la que Jesús nos enseñaba a ser agentes de pacificación, hicieron que Mott se planteara la tarea de llegar con el mensaje del evangelio y de la paz entre los hombres a cuantos países del mundo pudiera visitar a lo largo de su vida.
En el verano de 1886 Mott, con 21 años, representó a la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) de la Universidad Cornell en la primera conferencia internacional e interdenominacional de la historia de la YMCA. En el evento, que reunió a 251 estudiantes de 81 institutos de diferentes partes del mundo, un centenar de jóvenes (incluyendo a John Mott, miembro de la Iglesia Evangélica Metodista) se comprometieron a trabajar en el campo misionero.
Mott se gradúo en 1888 como licenciado en Filosofía e Historia, formando parte de la Phi Beta Kappa, una sociedad honorífica fundada en 1776 para estudiantes universitarios con aptitudes académicas sobresalientes.
En ese mismo año comenzó un servicio de veintisiete años como secretario nacional de la Asociación Cristiana de Jóvenes de los EE.UU. y Canadá. Durante este período, fue también presidente del Comité ejecutivo del Movimiento de Estudiantes Voluntarios de las Misiones Extranjeras, Presidente de la Conferencia Misionera Mundial de Edimburgo en 1910, y presidente del Consejo Misionero Internacional.
En 1912 y 1913, recorrió el Extremo Oriente, impartiendo veintiuna conferencias regionales en la India, China, Japón y Corea y también en Australia y Nueva Zelanda. Entre 1926 a 1937 presidente del Comité Mundial de la ACJ.
Trabajando para la ACJ mantuvo contactos internacionales en tanto las circunstancias lo permitieron, y se consagró a llevar a cabo tareas de socorro para los prisioneros de guerra en diversos países, recibiendo la Medalla de Servicio Distinguido por su labor.
La obra de Mott es impresionante: Escribió dieciséis libros, cruzó el Atlántico más de un centenar de veces y el Pacifico catorce veces, con un promedio de treinta y cuatro días en el mar al año durante cincuenta años; dando miles de discursos; presidiendo innumerables conferencias y llevando a los hombres a un mejor entendimiento de la necesidad de la paz entre las naciones.
El Dr. John Mott se casó con Leila Ada White, de Wooster, Ohio, en 1891; Tuvieron cuatro hijos, dos varones y dos mujeres.
Por su labor en relación a las misiones y al intento de acercar las religiones, algunos los consideraron en su tiempo como "el más amplio viajero y el líder cristiano de mayor confianza en su época". Fue uno de los promotores de la formación del Concilio Mundial de Iglesias en 1948, que lo eligió como Presidente Honorario.
Para 1900, más de 13.000 jóvenes estaban sirviendo en misiones extranjeras a través del Movimiento de Estudiantes voluntarios para las Misiones extranjeras, fundando escuelas, hospitales y orfanatos, así como iglesias y una compañía de publicaciones.
Entre los cientos de premios que le fueron otrogados, en 1946 recibió el Premio Nobel de la Paz.
Al presentar su nominación, Herman Sitt Ingebretsen lo introdujo con las siguientes palabras: "El venerable John Mott está hoy entre nosotros porque ha creado alrededor de todo el mundo organizaciones que han unido a millones de jóvenes a favor de los ideales cristianos, la paz y la tolerancia entre las naciones. Nunca ha sido un político, nunca tomó parte activa en las labores pacificadoras organizadas. Pero ha sido siempre una fuerza viva, un luchador infatigable en el servicio de Cristo, abriendo las mentes juveniles a la luz que él pensaba podía dirigir al mundo hacia la paz y unir a los hombres en el entendimiento y la buena voluntad. Su labor se ha desarrollado mayoritariamente entre los jóvenes, porque en ellos descansa la llave del futuro. Ellos son los líderes del mañana"
John Mott murió en su casa en Orlando, Florida, el 31 de Enero de 1955, a la edad de ochenta y nueve años.