Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 5
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

¿Sabías que Eric Liddell, el campeón olímpico de París 1924, era evangélico?
La persona que hoy traemos a estas páginas de biografías de evangélicos relevantes que destacaron en distintas disciplinas durante sus vidas es un deportista que ganó la medalla de oro en los 400 metros durante la Olimpiada de París de 1924.
Para muchos lectores, si les decimos que hablamos de Eric Liddell, no significará mucho; pero si decimos que hablamos del protagonista de la película Carros de Fuego (que desde aquí recomendamos ver, si aún no se ha visto), que en 1981 ganó cuatro oscars, incluyendo el de mejor película, y de la que su famosa banda sonora (de Vangelis), ha sido la música de fondo de miles de eventos deportivos, seguro que empieza a sonarles la historia.
Eric Liddell, aunque de familia escocesa, había nacido en China en 1902. La extraña razón de su nacimiento en tan lejanas tierras es que sus padres eran misioneros evangélicos en ese país.
A los seis años de edad, sus padres decidieron enviarlo a Inglaterra a estudiar junto con su hermano Rob a un colegio dedicado a educar a los hijos de los misioneros en el extranjero.
Desde muy joven mostró una gran pasión por el deporte, especialmente el rugby y en atletismo. En 1920 se matriculó en la Universidad de Edimburgo, donde se graduó en 1924.
En 1923 declaró públicamente su fe en Cristo y su compromiso con el mundo necesitado, algo que había vivido desde su infancia, viendo la entrega de sus padres con el pueblo chino.
Pero la declaración pública de su fe le acarreó muchas críticas de escépticos, que no creían que fuese capaz de llegar a conseguir ninguna marca deportiva, tachándole además de fanático religioso. Sin embargo, en ese mismo año, los silenció a todos cuando se proclamó campeón británico de las 100 y las 200 yardas, consiguiendo un record en la primera disciplina, que tardaría 35 años en ser superado.
Según contaba, cuando iba a competir, elevaba sus ojos al cielo y una frase resonaba en su mente: "El Señor me guía" , y según cuentan sus biógrafos tenía una extraña costumbre, que era saludar a todos los competidores de cada carrera después de terminarla, sin importarles su raza o color.
Liddell era un hombre de firmes convicciones religiosas, las cuales sobrepuso siempre por encima del éxito o de la fama en el deporte. Una de ellas (que es casi el elemento central del mencionado film Carros de Fuego) era el entendimiento de que el domingo era un día dedicado a Dios, razón por la que se negaba a correr en ese día.
Tras prepararse para competir en París, su nombre dio la vuelta al mundo en los periódicos, al saberse que se había negado a correr la final de los 100 metros lisos (que en teoría era su mejor prueba), por celebrarse en domingo.
Con esta decisión se ganó la desconfianza de millones de ingleses y de medio mundo, pero nuevamente acalló todas las voces en su contra y en contra de su fe, al ganar en París la medalla de bronce en 200 metros y la de oro en los 400 metros.
Tampoco se entendió que, cuando se encontraba en la cima de la gloria deportiva, en 1925, tomase una decisión que demostró al mundo su coherencia como cristiano evangélico.
Y es que decidió marcharse como misionero a China, donde vivió desde entonces entregado a la ayuda a los demás, hasta que en 1945, durante la invasión japonesa fue internado en un campo de prisioneros, donde murió de un tumor cerebral, con apenas 43 años.
Su vida y su compromiso con los pobres influenció a toda una generación, y su nombre es recordado como un ejemplo de coherencia y de convicción cristiana. En una de sus primeras declaraciones antes de ser famoso, Liddell decía lo siguiente:
"No tienes que ser famoso o un especialista para servir al Señor. Dios pregunta solamente si lo que desempeñas lo haces con fidelidad y sinceridad" Y añadió también:"Dios honra a sus fieles y él honrará tu obediencia, con una vida que trascienda hasta la eternidad. La entrega completa a Cristo es la victoria total" Eric Liddel.