Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 6
Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

¿Sabías que Martín Lutero, el impulsor de la reforma protestante era un monje agustino?
Hijo de una familia campesina, Martín Lutero nace en Eisleben (Alemania) en 1483. A los cinco años empieza a estudiar en la escuela de Mansfeld, donde la lengua docente era el latín, algo que le serviría durante toda su vida. De allí pasa a Magdeburgo y luego a Eisenach, y al cumplir 18 años, su padre lo envía a Erfurt para hacerse abogado.
Formado desde muy pequeño en un fuerte entorno católico e influenciado por la idea de un Dios justiciero y castigador del pecador (que marcó su conciencia durante su juventud), algunos de sus biógrafos cuentan que en 1505, tomó una decisión que iba a cambiar el curso de su vida de manera radical. Durante una tormenta en la que los rayos caían a su alrededor, se encomendó a Santa Ana, prometiéndole que si lo libraba con vida, se haría monje, lo que cumplió ingresando en el convento agustino de Erfurt (para disgusto de su padre que, como propietario de una mina, tenía otros planes para él) y comenzó a estudiar Teología en la Universidad de Wittenberg, donde se doctoró en 1512.
En 1510, su visita a la ciudad de Roma le produjo un profundo shock al descubrir la tremenda corrupción que en muchos ámbitos existía en el clero romano, y el estilo de vida de opulencia que llevaban el Papa y los Cardenales. Allí también tuvo su primer encuentro con un tema que sería decisivo en su ruptura con la Iglesia Católica. La venta de las indulgencias, que no eran otra cosa que unas bulas papales por las que a buen precio, se decía que Dios sacaba del "purgatorio" a los sufrientes y los trasladaba a la Gloria.
La brillantez de ideas y su convicción en la exposición de las mismas, le hicieron muy pronto ser reconocido en Wittemberg como uno de los mejores maestros de las Escrituras, recibido asimismo por sus conciudadanos y observado por el Principe de Sajonia Federico III, que lo tomó bajo su protectorado, a pesar de que Lutero peleaba abiertamente contra las reliquias de santos, de las que el Príncipe de Sajonia era un fanático coleccionista.
Cuando el papa León X ordenó una agresiva campaña de venta de indulgencias para recaudar dinero para la construcción de la basílica de San Pedro, y ésta llegó a Alemania, Lutero se encontró con Juan Tetzel, el comisionado del Papa para vender indulgencias en Alemania, al que escuchó decir públicamente: "Tan pronto como su dinero suena en el fondo de la caja, el alma atormentada en el purgatorio, vuela".
Esto irritó tanto a Lutero que a los pocos días clavaba en la puerta de la catedral de Wittenberg, en 1517, lo que se llamaron "Las 95 tesis", en la que se declaraba el desvío de la Iglesia Católica de la fe evangélica primitiva.
La Iglesia romana hizo comparecer varias veces a Lutero para que se retractase de aquellas ideas (en 1518 y 1519); pero en cada controversia Lutero fue más allá y rechazó la autoridad del Papa, remitiéndose en su lugar a la Biblia y al uso de la razón, publicando al tiempo varios tratados críticos con la Iglesia de Roma.
En 1520, finalmente, el papa León X le condenó y excomulgó como hereje en una bula que Lutero quemó públicamente; por lo que el nuevo emperador, Carlos V, le declaró proscrito tras escuchar sus razones en la Dieta de Worms (1521).
Tras el fracaso del encuentro, el príncipe Federico de Sajonia (su protector) lo secuestra temiendo por su vida, y es llevado al castillo Wartburg, cerca de Eisenach, donde permanecerá todo un año, en el que Lutero traduce el Nuevo Testamento al alemán (una osadía para su época en que la Biblia se leía solo en latín).
En 1529, Carlos V convoca otra Dieta en la ciudad de Spira para conseguir que los nobles convertidos al luteranismo, se sometan a la autoridad del Papa, pero los príncipes y señores luteranos se niegan y protestan en la convocatoria de la Dieta, y a causa de esta protesta los católicos comenzarán a llamarlos con el nombre de Protestantes.
En 1530, Carlos V llamó a otra Dieta en la ciudad de Augsburgo para poner de acuerdo a católicos y luteranos, con el fin de preservar la unidad del Imperio, pero todo resultó inútil, por lo que los protestantes redactaron la llamada Confesión de Augsburgo en la que se detallaban los principios de la Reforma y fue aceptada como carta de libertad para el ejercicio de la fe evangélica.
Las ideas de la Reforma encontraron eco no solo en Alemania sino también por toda Europa en los siglos siguientes, llegando al Nuevo Mundo con la colonización europea; y aunque muchos gobernadores utilizaron la Reforma como un arma política (en contra de lo que Lutero deseaba) el movimiento protestante, llamado "evangélico" primeramente en Alemania, no ha parado de crecer por todo el mundo.