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Revista cristiana: "Mientras esperas" - Número 7

Un mensaje de ánimo y esperanza para tiempos difíciles

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Conociendo a los evangélicos - ¿Por qué es tan importante la Biblia para el pueblo evangélico?

Cuando se produce la Reforma protestante en el siglo XVI, el ambiente religioso en todo el mundo católico de entonces, pero especialmente en Europa, era el de una desmesurada adoración a las reliquias de los santos que, llevaba al pueblo a una idolatría disfrazada de espiritualidad haciendo que la gente honrase más a las imágenes y las reliquias que a Aquél que les había salvado y enviado a su Hijo para pagar por nuestros pecados y darnos vida, (Ver, si es posible la película "Lutero").

Fue una época convulsa, de grandes discusiones teológicas, de suerte que, cuando alguien que discrepaba (porque la Biblia prohibía honrar imágenes o reliquias) preguntaba al Magisterio de la Iglesia de Roma, la respuesta era siempre la misma: "Creemos esto y lo practicamos siguiendo la tradición".

Cuando se establecieron los tres grandes pilares de la Reforma (Sola Gracia, Sola Fe, Sola Escritura), esta tercera definición era la contraposición a la declaración romana de la validez de la tradición frente a la Palabra de Dios, pues Jesús ya había advertido a los religiosos de su época con las siguientes palabras:

"Así invalidáis la palabra de Dios mediante vuestra tradición que habéis trasmitido, y hacéis muchas cosas semejantes a éstas" (Marcos 7:13)

PALABRA DE DIOS

Los evangélicos creemos que la Biblia contiene no solamente el testimonio de Dios y de cómo es Él en su relación con el hombre, sino cuál es el plan de salvación desde sus orígenes hasta el establecimiento de la iglesia, porque a través de ella podemos saber todo lo que Dios ha querido transmitirle a la Humanidad.

INSPIRADA POR DIOS

Aun siendo conscientes de que la Biblia es una colección de 66 libros escritos en épocas diferentes y por distintos autores, estamos convencidos de aquello que dijera el apóstol Pablo hablando de las Escrituras:

"Toda la Escritura es inspirada por Dios y es útil para la enseñanza, para la reprensión, para la instrucción en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto (maduro), enteramente capacitado para toda buena obra" (2 Timoteo 3:16-17)

Para nosotros, los evangélicos, La Escritura o las Escrituras, no son un invento humano, no es la obra de un recopilador que ha ido poniendo junto lo que se iba encontrando de un escritor y de otro, y que él ha ido acomodando según su propio criterio. Es una obra divina en la que Dios ha coordinado los escritos registrados por hombres distintos en épocas distintas y en lugares distintos, pero todos ellos conectados entre sí por un impulso espiritual, un soplo divino, que es la inspiración de esos escritos.

Como dijera el apóstol Pedro, refiriéndose a lo escrito:

"... Y hay que tener muy en cuenta, antes que nada, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada; porque jamás fue traída la profecía por voluntad humana; al contrario, los hombres hablaron de parte de Dios, siendo inspirados por el Espíritu Santo" (1 Pedro 1:20-21)

SU COHERENCIA INTERNA

La Biblia, la Palabra de Dios es coherente. No se contradice. No dice una cosa aquí y en otro libro algo absolutamente diferente, ¿Qué credibilidad le daría a una obra como de Dios una continua discrepancia y una contradicción entre los autores que compusieron la obra?

La Biblia mantiene a lo largo de sus páginas no solamente una coherencia admirable, sino una unidad de criterio tan grande que es una de las mejores garantías de que esto que guía nuestras vidas, trasciende la capacidad de escritores humanos.

Y una prueba de esa coherencia es el relato de los fallos y pecados de los grandes hombres y mujeres de Dios, los cuales no se intentan tapar (como suele hacerse con cualquier biografía secular), sino que quedan de manifiesto, para mostrar su necesidad de Dios.

SU PECULIARIDAD

Al acercarnos a la Biblia como una obra única, aunque formada por distintos libros, nos damos cuenta que la Palabra de Dios tiene una peculiaridad, y es que es el único libro que demanda conocer o tener una relación personal con su autor, para poderla comprender y aprovecharla en su totalidad.

Uno puede leer el Quijote, o cualquiera de las obras de los grandes clásicos, sin tener ni el más mínimo conocimiento del escritor (algo que sería imposible pues ya están muertos), porque lo valioso es el escrito en sí; pero con la Palabra de Dios es distinto, porque el autor sigue vivo y se le puede conocer, y aunque la Biblia se pueda leer como simple literatura, su verdadero valor y su mayor provecho se produce cuando se conoce y se tiene una relación directa con Aquél que inspiró lo que tú estás leyendo, y que tiene un propósito de transformar tu propia vida a través de su lectura.

SU INMUTABILIDAD

La Biblia, a pesar de los múltiples ataques que ha sufrido a lo largo de los siglos, como el del emperador Diocleciano en el siglo IV, o el de la Inquisición entre los siglos XVI al XIX, no ha cambiado, mostrando así su indestructibilidad.

Esto nos garantiza que no estamos frente a un libro cambiante que se va adaptando de acuerdo a los vaivenes que le marca la sociedad del momento. Jesús lo expresó magníficamente en los evangelios cuando dijo:

"...El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán" (Mateo 24:35)